¿Las RAMERAS chilenas?
Preguntó la Kenya en tono jocoso. Es que el ambiente era distendido:
había esta mezcla de relajamiento y buen humor que nos había dejado el
fin de semana largo en El Quisco, además que estábamos sirviendo una
cena preparada por Eloísa, la primera de una serie destinada a
introducirla en los misterios de la cocina y la administración
doméstica.
Otros planes se habían conversado en la cocina, entre madre e hija,
acerca del control del pan y la mantequilla, que algunos residentes
tragan sin medida, o un calendario para que los demás cocineros le
enseñaramos nuestros platos estrella; lo mío será sin duda la lasaña.
Es que la ceremonia forma parte del comienzo de la satisfacción de una
reivindicación histórica de Eloísa, aprender algunos detalles
prácticos de la vida, que hasta ahora no ha podido, ni tampoco
necesitado, conocer : Preparar comida, usar el transporte público,
esos detalles que ayudan a la autonomía de toda adolescente.
La mesa se veía bonita, la comida sabrosa, incluso se había previsto,
como cosa excepcional, una botella de vino para marcar la ocasión.
Eloísa, en su papel de autoridad del momento, se preparaba a servir
los platos. Mientras los comensales se ordenaban, pusimos la tele
para mirar las informaciones y, por una vez, el noticiario comenzaba
con un triunfo del deporte chileno:
- Gran triunfo de las remeras chilenas!
Ahí fué que la Kenya preguntó, riendo:
- ¿Las RAMERAS chilenas?
Y Eloísa, sorprendida, ya que que no había puesto atención a la tele,
concentrada en el cucharón y los platos, pregunta a su vez
- ¿Qué, también hay juegos olímpicos de ESO?
Cumpleaños de Martin H.
La Nancy decidió hacer el domingo un cumpleaños a todo trapo para el
Martín, que tan duras las ha visto con el tratamiento.
El Raimundo nos embarcó en la fabricación de doscientas empanaditas de
cóctel para contribuir con el almuerzo, que se hizo en un local
llamado La Tecla, cerca de la Plaza Ñuñoa, que parece que usted ya
conoce. No fueron lo mejor de la comida, pero tampoco nadie salió
pelando. Sólo que nosotros quedamos vacunados contra las empanadas por
un largo tiempo, espero que de aquí al Dieciocho lo hayamos superado y
podamos disfrutar de nuevo de alimento tan clásico.
Dos noches haciendo el pino y después amasando y armando. Por supuesto
el horno nuestro no dió abasto y se vió a altas horas de la madrugada
la Kenya envuelta en chales con bandejas de empanadas cruzando el
barrio para ir a hornear a la casa de la Mylène.
Raimundo rabiaba por las cebollas, la falta de cooperación, la
lentitud del horno, y cualquier cosa que ocurriera, porque al final es
un viejo gruñon y siempre hay que reclamar por algo. Después se
desmandó comiendo (él dice que muy poco) bebiendo (eso no fué poco,
diga él lo que diga) y cantando como una estrella de rock, rodeado de
esas dignas señoras, aparentemente damas serias de mediana edad,
con un ojo en los nietos y cantando a voz en cuello éxitos musicales de
épocas lejanas y aparentemente felices, o himnos revolucionarios de un
proceso que terminó siendo parte de nuestras innumerables y heroicas
derrotas. Ahora lo tengo al lado, tirado en nuestra cama mientras la
Ema le hace su pieza, sufriendo los efectos de las tensiones, los
tragos y el trasnoche.
El Domingo también sufrió los efectos de la locura empanadística, tuvo
que dormir en el pasillo y lloró y se quejó amargamente, sobre todo
prque sabía la cantidad de empanadas y pino de carne que había sobre
la mesa del comedor; luego ha sido recompensado con algunos huesos y
restos de carne, superando así el trauma de haber tenido que
abandonar su cómodo y tibio sillón por una noche.
El cumpleaños en sí fué un éxito, super emotivo, con los clásicos
reencuentros, el Martín muy flaco, pero cantó boleros y bailó con la
Nancy como un adolescente enamorado.
La Kenya venía alegre y agotada, sólo quería dormir, pero la Elo la
esperaba para exigir que la ayudara a hacer la voltereta, ya que la
profe de gimnasia no le acepta más que no la haga porque le dá susto;
fué muy divertido ver a la Kenya tratando de sacarse ese deber
maternal.
La soirée no se prolongó mucho, pero todos dormimos muy bién.
Guarenes
Hoy fuimos a caminar con la Eloísa por la orilla del Canal San Carlos,
a ver si avistábamos guarenes, aprovechando que habían cortado el agua
y se veía gran parte del fondo. Reflexionábamos acerca del extraño
impulso que nos hace aborrecerlos y al mismo tiempo mirarlos
fascinados por alguna oscura atracción o curiosidad.
De ahí trataba yo de decirle que era una de las formas de ver nuestros
sentimientos, como mezclas irregulares y variables de distintos
impulsos, que tenemos que ir constantemente revisando y
reconstruyendo. Esto, a diferencia de la forma tradicional, en que
siempre es bueno tener sentimientos buenos, es malo tener sentimientos
malos, debes sentirte culpable cuando no lo sientes así y nadie te
dice cómo lograrlo.
Ella pareció apreciar esta versión de las cosas, pues me dijo: Ah, es
como con NN, cuando me gustaba tanto y de repente me daba rabia que
fuera tan tonto!
Exacto, le dije yo, o como yo, que te quiero mucho, pero a veces me
dan ganas de darte una patada en el poto.
De ahí nos fuimos al super a comprar algunas cosas.